La piedra pómez protege el suelo contra la helada y el frío, y actúa especialmente durante las altas temperaturas estivales. Modera los efectos del viento y del calor reduciendo la evaporación
del agua del suelo, de ahí un ahorro de agua.
Contribuye a una mejor distribución del agua en el suelo y en particular al
pie de las plantas, haciendo que el agua sea más eficaz para las plantas.
Incorporada al suelo, la piedra pómez mejora el drenaje y la aireación del sistema
radicular de sus plantaciones y cultivos.