Famoso desde la más alta Antigüedad, este jabón cocido en caldera, enriquecido con aceite de laurel, se impregna de aire fresco durante 9 meses para revelar a su madurez su firmeza, su tono característico, garantes de sus altas cualidades cosméticas. Comercializado respetando los intereses de los agricultores locales, del Maestro jabonero y de sus trabajadores, esta preciosa gema de Alepo, prototipo de todos los jabones, limpia perfectamente y respeta el equilibrio de las pieles más frágiles.
De una suavidad única, es muy bien tolerado por toda piel, incluso delicada y reactiva.