Frente a los árboles, el primer reflejo es a menudo determinar sus nombres: ¿es un roble, un cedro, un ginkgo? Existen para ello numerosas guías.
Pero el observador generalmente desea saber más: ¿ha terminado este árbol su crecimiento? ¿Está en buena salud? ¿Cuál es su historia? Se vuelve entonces necesario no solo ver los árboles, sino mirarlos.
Partiendo del principio de que solo vemos bien lo que nos han enseñado a observar, este libro educa nuestra mirada.
Saber interpretar una forma particular, la presencia de ramas muertas, leer las cortezas o adivinar la presencia de las raíces permite de hecho comprender los árboles, es decir, trazar su historia, conocer su estado actual y prever su evolución probable.