Rodolphe Grosléziat reúne en este libro su experiencia inédita del huerto: para cada uno de los cultivos, ha buscado las técnicas más simples, más saludables y más «rentables». Partiendo «de la nada», ha logrado a lo largo de los años una casi autonomía y alimenta a su familia todo el año gracias a las verduras de su jardín, cultivadas sin fertilizantes ni pesticidas. Esta hazaña no le ocupa más de media hora al día en promedio. Aún mejor, Rodolphe contabiliza sus cosechas en función de los precios del mercado y nos demuestra con cifras que «tener un huerto vale la pena», ya que el ahorro realizado representa entre 2,5 y 3 veces el valor de un salario mínimo mensual por año...