El Camellia sinensis o árbol del té se cultiva ampliamente por sus hojas que, secas o fermentadas, se utilizan para producir, tras infusionarlas, la famosísima bebida que es el té.
Este Camellia produce diminutas flores blancas, sencillas y muy abundantes, que aparecen entre noviembre y febrero. Son ligeramente perfumadas y tienen en el centro un gran ramillete de estambres dorados.
El arbusto tiene un porte compacto y un follaje denso, lo que lo convierte en una buena opción para los setos recortados. Las hojas son brillantes, de color verde oscuro y bastante gruesas. Es una planta robusta, resistente al frío y bastante tolerante a la sequía para ser una camelia.
Para la elaboración del té, se recolectan los brotes jóvenes. La cosecha se realiza varias veces al año, a medida que vuelven a crecer. Tras la recolección, el té se somete a distintos tratamientos —secado, calentamiento, fermentación…— que dan lugar a las diferentes variedades de té: verde, negro, blanco… Por tanto, para una cosecha casera será difícil reproducir el sabor del té comercial.
En el jardín, las camelias pueden plantarse aisladas o combinarse con otras plantas de suelo ácido (rododendros, azaleas…). Esta variedad también es adecuada para formar setos.
Coloque su Camellia sinensis en un lugar de semisombra, en un suelo ácido y bien aireado. Le costará mucho desarrollarse en un suelo calcáreo, a menos que prepare un hoyo amplio con tierra ácida, como tierra de brezo, al plantarla.
Al árbol del té le gusta la tierra fresca; se recomienda regarlo bien, sobre todo durante los periodos de mucho calor.
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